lunes, 25 de julio de 2022

LA CURIOSIDAD NO MATÓ AL GATO

 Con este relato participo en el certamen de Zenda dedicado a los animales.

LA CURIOSIDAD NO MATÓ AL GATO
Todavía está fresca la tinta negra y roja pergeñada sobre las páginas del código maldito. Las letras capitulares, trazadas con reverencial esmero, son la llave de entrada a secretos, alquimias y brujerías. El nigromante es consciente de haber firmado su sentencia de muerte al consignar aquellos conjuros en el pergamino, pero ya está presto a morir y acepta la sentencia siempre que su grimorio le sobreviva y le justifique. Terminado el trabajo, el brujo duerme, agotado por la emoción de haber finalizado la obra de su vida, y sueña, premonitoriamente, que la Inquisición lo quemará junto a sus libros.
Mientras su amo sestea, Azrael, el gato negro del hechicero, merodea curioso sobre el scriptorium, con torpeza derrama el tintero manchando sus almohadillas. Sus huellitas se imprimen en las páginas sobre las que pasea desvirtuando caligrafías y erosionando invocaciones. De repente, un latigazo eléctrico encorva al animal que eriza sus pelos mientras expele un bufido aterrado y de sus fauces brota un maullido gutural y agónico. Una experiencia de muerte posee y sacude al felino que pierde una vida para ganar siete. Por ciencia infusa el conjuro del elixir de la inmortalidad se ha transferido, aunque incompleto, de las hojas del pergamino a la mascota. Pasado el trance, Azrael no ha alcanzado la eternidad, pero está más cerca de ella que ningún otro ser vivo, atributo que legará a sus descendientes.
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Ángel Saiz Mora, Daniel Castillo y 9 personas más
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