sábado, 13 de junio de 2026

LA RESEÑA DE MI LIBRO "LO ESCRITO PERMANECE" A CARGO DE ANTONIO PACHECO ZÁRATE, ESCRITOR MEXICANO.

 LA RESEÑA DE MI LIBRO "LO ESCRITO PERMANECE" A CARGO DE ANTONIO PACHECO ZÁRATE, ESCRITOR MEXICANO.

El Colectivo Cuenteros fue una especie de universidad para sus miembros. No solo aprendimos de escritura, también a encuadernar, a perderle el miedo al micrófono y la cámara, y a leer en voz alta.

También a editar y a hacer crítica literaria, o lo que es lo mismo, a encontrar en un texto hasta los defectos que le faltan, cosa que yo sólo hago cuando edito, o con cervezas de por medio, y entre amigos, si se trata de libros publicados.

En una ocasión aprendimos a ser “Señores del jurado de decisión inapelable”. Sucedió cuando lanzamos una convocatoria internacional en la que el premio consistía en publicar los textos seleccionados en la versión impresa del periódico Noticias de Oaxaca, en el que teníamos un espacio semanal.

Uno de los escritores seleccionados en esa convocatoria fue Héctor Daniel Olivera Campos, que tiene en su trayectoria —además de varios reconocimientos, premios y participaciones en antologías de distintos países— tres libros publicados: la novela El equívoco y dos antologías de cuento: La última sonrisa del dinosaurio y Lo escrito permanece.

Otra de las cosas que aprendí en el CC y me recordaron hace poco es que en literatura un personaje o una situación no tienen que ser realistas, sino verosímiles y coherentes dentro del universo en que están planteados. Así, por ejemplo, dos famosos personajes históricos o ficticios pueden coincidir en una obra para intercambiar ideas o enredarlas, para alterar cuanto se les venga en gana.

En “Lo escrito permanece” el autor nos lleva a través de diez historias por el mundo de diferentes personajes relacionados con el oficio de escribir y con situaciones que nos resultan familiares a quienes escribimos.

Incomprendidos, sociópatas, ilusos, arrogantes, objetivos, inseguros, farsantes (pongan la cara del escritor que quieran en cada adjetivo)… todos estos personajes, algunos reales, otros ficticios, otros un híbrido, tienen en común la idea ingrata de que su obra habrá de sobrevivirlos.

No importa qué tan lejano resulte el escenario y el lenguaje si uno consigue hallar referentes cercanos en un libro. Como en "Esa extraña aristocracia del espíritu”, donde una mujer espera todos los días su camión frente a un hotel en el que mira a un hombre escribir en la laptop y se pregunta qué tanto escribe, si será acaso un famoso escritor: “Sorprendía, eso sí, la determinación con que se dedicaba a escribir, cualquiera diría que la vida le iba en ello”. Uno apuesta: sí, es escritor.

Dato entre paréntesis: Conocí a un escritor imaginario hace años, tan bien construido estaba, tan bien descrita su personalidad, que aunque no consigo recordar el nombre de la novela y del autor sin ir a Google, lo sigo recordando a él con su nombre completo y como si fuese un escritor real: Nelson Chouchen Otálora.

Algo parecido plantea “Botarate”, el cuento que más me gustó de la antología: la posibilidad de que un personaje supere el nombre de su autor y le sobreviva con más fuerza. Plantea también otra pregunta interesante: "¿Puede un personaje ser más inteligente y más lúcido que su autor?".

Hay información que cura escritores en “Un tonto nunca se repone de un éxito”, sobre un escritor que piensa que los 300 ejemplares que no logró vender de su libro tal vez le sirvan como pedestal para cuando decida suicidarse.

Una de las cosas difíciles de cualquier texto es el cierre. Un cuento, un ensayo o una reseña pueden quedarse estancados por tiempo indefinido a la espera de encontrar un buen cierre, porque existe una regla —aunque ninguna sea obligatoria—: el final debe retomar y reconstruir todo lo leído.

Aquí eso lo ofrece el final de “Paraíso incompleto”, el último cuento cuya última frase no solo cierra bien el cuento sino el libro entero.

La colección incluye el cuento seleccionado de Olivera Campos en aquella convocatoria del CC: “Carta a Dulcinea”, una historia en la que Don Quijote le escribe a una maltratada y analfabeta Dulcinea para ofrecerle su ayuda y ella reacciona indignada. El periódico en que se publicó, como todos los demás, habrá terminado envolviendo alguna papaya (por la teoría del niño de la papaya). Pero alguien habrá leído el cuento antes o después. Su autor sigue cosechando éxitos y publicando sin soltar el paso. Los periódicos impresos circulan cada vez menos. Talleres, espacios de publicación y autores van y vienen. Lo escrito, pues sí, permanece.

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