https://www.facebook.com/Revistapapenfuss/photos/rpp.346632045822493/609920096160352/?type=3&theaterjueves, 13 de junio de 2019
PAPENFUSS NÚMERO DOCE.
https://www.facebook.com/Revistapapenfuss/photos/rpp.346632045822493/609920096160352/?type=3&theaterlunes, 3 de junio de 2019
A MAMÁ SE LE FUE LA OLLA
Papá maltrataba a mamá: borracheras, cuernos, palizas...
Ella se lo aguantaba todo; lloraba un poco, rezaba, apretaba los dientes y
tiraba para adelante. Era una mujer de una generación pretérita: abnegada,
sufrida y sumisa, dedicada al cuidado de sus hijos, enterrada en las
labores del hogar. Mamá se pasaba los domingos por la tarde
encerrada en casa, soportando el fútbol radiado y el hedor a tabaco negro y coñac
barato. El único consuelo de nuestra
madre consistía en acudir a la iglesia, no tenía más ocio que asistir a misas y
confesarse con el párroco. Su marido
solía tildarla de “beata de mierda”.
No diré que mamá no tuviera sus ilusiones, en los últimos
tiempos albergó el modestísimo anhelo de tener una olla exprés. Pero papá no
era capaz de complacerla ni en esa nimiedad, la mayor parte del salario se lo
gastaba en putas y bares y poco sobraba para el mantenimiento de la familia.
Tras mucho batallar, logramos, por fin, convencer a nuestro progenitor para que
le comprara la deseada olla a presión como regalo por el día de la madre. Al
mes de la adquisición del artefacto, la olla explotó segando la vida de nuestro
padre. Nadie le lloró.
A los dos meses del deceso, mamá se fugó con el
insólitamente joven y guapo cura de nuestra parroquia. Fue a partir de ese
momento en que comenzamos a sospechar que el estallido de la olla no había
sido un accidente.
Microrrelato publicado en la revista Papenfuss, número doce.
jueves, 30 de mayo de 2019
CONTES ATEUS I IRREVERENTS
Otro
libro más que llega. "Contes ateus i irreverents", recopilatorio de los
relatos ganadores y finalistas de las diez ediciones del Cibercertamen
literario "Hypatia de Alejandria". Incluye mis dos cuentos ganadores;
"Instituto Casandra" y "Carta a Dulcinea", que fueron galardonados con
el primer premio en la quinta y novena edición, respectivamente, del
Cibercertamen.
3
martes, 28 de mayo de 2019
¿MERECE LA PENA SUFRIR POR AMOR?
Tras una jornada agotadora como cajera en la carnicería, lo primero que hizo Fernande, al llegar a su vivienda, fue quitarse los zapatos. Renegó al percatarse que una de las suelas se estaba agujereando.
Siempre que la mujer se quitaba los zapatos Pablo acudía a su memoria y sus pensamientos retrocedían a la época en que ambos compartieron apartamento-estudio en Montmartre. Andar descalza era invocar al fantasma de Pablo.
Ella era una
modelo que se ganaba la vida posando para pintores bohemios de mano
siempre larga, excepto cuando debían echársela al bolsillo y pagarle los
honorarios debidos. Así conoció a Pablo, desnuda frente al lienzo.
Fernande adivinó en aquel español bajito de flequillo desmesurado y ojos
hipnotizadores, una especie de aura. Fue ella la primera en vislumbrar
que sería un gran artista y se abrazó a ese destino impelida por la
pasión de una mujer enamorada.
Pablo, niño precoz, celoso hasta lo enfermizo, la obligaba a vestir de negro, de pies a cabeza, para que ningún otro se fijara en ella cuando paseara por la calle. Eso, si la dejaba salir, porque muchas veces la encerraba en el estudio o se llevaba sus zapatos para que no pudiera marcharse. Pablo temía que huyera; ese era su gran miedo, la gran inseguridad del pequeño hombre. La mujer, que soportó aquellas humillaciones junto a las demás penurias de una vida mísera, se decía a sí misma, en los momentos de vacilación y duda, que merecía la pena sufrir por amor.
Acertó Fernande Olivier, Pablo llegó a ser un gran artista, el más reconocido y celebrado de su siglo. El pintor se hizo millonario, pero ella no recibió un sólo céntimo, aunque los cuadros para los que posó se vendieron a precios astronómicos.
Veinte años después de que Pablo Picasso la abandonara, Fernande se frotaba los pies doloridos mientras se respondía a sí misma que no, que no valía la pena sufrir por amor.
Pablo, niño precoz, celoso hasta lo enfermizo, la obligaba a vestir de negro, de pies a cabeza, para que ningún otro se fijara en ella cuando paseara por la calle. Eso, si la dejaba salir, porque muchas veces la encerraba en el estudio o se llevaba sus zapatos para que no pudiera marcharse. Pablo temía que huyera; ese era su gran miedo, la gran inseguridad del pequeño hombre. La mujer, que soportó aquellas humillaciones junto a las demás penurias de una vida mísera, se decía a sí misma, en los momentos de vacilación y duda, que merecía la pena sufrir por amor.
Acertó Fernande Olivier, Pablo llegó a ser un gran artista, el más reconocido y celebrado de su siglo. El pintor se hizo millonario, pero ella no recibió un sólo céntimo, aunque los cuadros para los que posó se vendieron a precios astronómicos.
Veinte años después de que Pablo Picasso la abandonara, Fernande se frotaba los pies doloridos mientras se respondía a sí misma que no, que no valía la pena sufrir por amor.
III CONCURSO LITERARIO DE MICRORRELATO DE LA COMARCA CUENCAS MINERAS
Mi
microrrelato "¿Merece la pena sufrir por amor?" finalista en el III
Concurso Literario de Microrrelato Comarca Cuencas Mineras de Teruel y
publicado en su respectiva antología.
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miércoles, 22 de mayo de 2019
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